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24 jun. 2017

Sánchez planea otros bandazos en su obsesión por el voto populista


Ana I. Sánchez

La abstención en el acuerdo entre la UE y Canadá divide al grupo parlamentario, que no tiene portavoz para defenderla

El polémico cambio de posición del PSOE en la votación del Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá (CETA) será solo la primera medida correctiva que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, aplicará a la línea política que su grupo había trazado en el Congreso de los Diputados.
El nuevo líder socialista cree que para recuperar los votos huidos debe cumplir a rajatabla el proyecto político con el que ha sido aupado por los militantes y que incluye escorar el PSOE hacia la izquierda para robar espacio a Podemos. Y va a hacerlo aunque ello suponga incumplir compromisos previamente alcanzados por la gestora con otros grupos políticos, en el Parlamento español o el europeo.
Lo anunció ayer el portavoz socialista, Óscar Puente, en la Cadena Ser sin avanzar aún cuáles serán los próximos temas en los que su bancada mutará de posición y en plena división interna tras la rectificación del voto para el Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y Canadá de un inicial «a favor», por una abstención.
«El PSOE va a cambiar su posición en aquellos asuntos que no sean acordes con el diseño de proyecto político que nació este fin de semana en un Congreso Federal que se venía gestando en los últimos tiempos y con el que pretendemos ser el partido que responda a los deseos de la mayoría de los ciudadanos», aseguró Puente.

¿Habrá disciplina de voto?

La declaración cogió con el pie cambiado a la dirección parlamentaria socialista, centrada aún en contener el incendio provocado en el bando susanista por la modificación del voto para el CETA. «De momento no hay nada pendiente. No sé a que se puede referir», comentaban a ABC fuentes de la dirección del grupo parlamentario.
El riesgo más inmediato al que se enfrenta el Grupo Socialista en este momento es la ruptura de la disciplina de voto por parte de los diputados susanistas, para apoyar la aprobación del Tratado. Una circunstancia que arrojaría serias dudas sobre el control real que Sánchez ostenta sobre el grupo parlamentario. Pero pese a la preocupación existente, varios diputados cercanos a la presidenta andaluza, Susana Díaz, descartaron este extremo. «No vamos a coordinarnos para saltarnos la disciplina de voto como hicieron ellos (el equipo de Sánchez), tenemos más lealtad al partido», aseguraron ayer a este periódico.
Éste fue, de hecho, el principal argumento con que los susanistas y la gestora intentaron presionar a los sanchistas en octubre para que se abstuvieran en la investidura de Mariano Rajoy. «Se hace lo que manda el partido sin importar lo que sea, no hay nada por delante», llegaron a decir.
Un alegato que ahora parece volvérseles en contra. En todo caso, lo que no descarta nadie aún es que algún parlamentario suelto se salte la disciplina de voto. «Hay compañeros que desde luego lo están pensando, pero a nivel individual, no en grupo. Veremos lo que votan finalmente», señalaron las mismas fuentes.
Pero éste no es el único problema que el CETA ha abierto a la dirección socialista. Tan importante como mantener la bancada cohesionada dos semanas después de haber aterrizado el nuevo líder es encontrar a un portavoz que defienda el cambio del voto de manera coherente el próximo jueves ante el Pleno.
Y no es que sobren. Los portavoces de Exteriores José Ignacio Sánchez Amor y Soraya Rodríguez han avanzado a sus compañeros que no se sienten cómodos defendiendo la abstención al CETA porque creen en el voto a favor. Si no cambian de opinión y se niegan a argumentar la nueva posición, la dirección socialista tendrá que buscar a un nuevo portavoz que asuma el encargo. Una muestra más de la división interna existente en el seno del grupo.

La brecha abierta

La brecha abierta por el CETA también ha alcanzado al partido, con defensores de la potestad de Sánchez para tomar las decisiones que considere adecuadas, como el líder del PSC, Miguel Iceta, y críticos con el cambio de posición en un tema tan importante como el exministro socialista Miguel Sebastián.
Los reproches se centran en que la abstención no se ha motivado todavía, es decir, no se han explicado los argumentos que han llevado a Sánchez a optar por ella. Pero también al hecho de que el líder adoptara unilateralmente la decisión sin someterla a debate interno.
Para contrarrestarlo, Puente aseguró ayer que la decisión final se adoptará el próximo lunes durante la reunión de la ejecutiva socialista. Pero nadie cree que haya margen real para que vaya a ser modificada. En cuanto a los motivos, la dirección parlamentaria insistía ayer en que existen argumentos jurídicos, sociopolíticos y laborales que sostienen la abstención. Y aseguraban que cuando queden explicados, «serán entendibles y aceptables».
Pero habrá que seguir esperando para conocerlo porque de momento ayer seguían sin desgranarlos. Junto al secretario general, fue objeto de críticas la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, principal causante de la crisis al anunciar por su perfil de la red social Twitter que su partido votaría en contra del CETA.
El bando susanista recordaba ayer que su papel es institucional y tiene como objetivo acercar posturas cuando se produce un desacuerdo interno. «Si vamos a tener que hacer lo que diga la presidenta y no el secretario general empezamos muy mal», lamentaban varios diputados. Y ésta es solo la primera medida correctiva aplicada por Sánchez.

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