Yo mismo con mi turismo

17 jul. 2017

1-O



Neus Munté, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont en una reunión  del Consejo Ejecutivo del Gobierno catalán el 13 de junio.

Las iniciales de la fecha del referéndum catalán se asemejan mucho al resultado de un partido de fútbol, que parece perdido antes de comenzar

Soy madre desde hace 32 años, pero últimamente he opinado más que nunca desde esa condición. Lo más curioso es que los motivos no han sido autobiográficos. Hoy tampoco lo son, porque el hecho que ha vuelto a colocar el filtro de la maternidad ante mis ojos ha sido el abandono de Neus Munté. Aunque Puigdemont no haya tenido la sinceridad, o el coraje, de explicar los motivos de su relevo, ha trascendido que la consellera de Presidencia de la Generalitat no estaba dispuesta a asumir las consecuencias penales que la convocatoria de un referéndum como el del 1 de octubre podrían desarrollar sobre su libertad y su patrimonio. Me resulta muy fácil ponerme en su lugar, comprender su preocupación por el futuro de sus hijas, atribuirle la ilusión con la que cualquier madre piensa en su ingreso en la universidad, la paz que todas experimentamos cuando vemos a los niños y niñas de antaño convertidos en hombres y mujeres hechas y derechas. Lo que me sorprende es que, al aceptar sus motivos, su jefe no haya calculado la cantidad de madres, y de padres, que hay en Cataluña, su preocupación generalizada por el futuro, la inquietud por el turbio porvenir que divisan en el horizonte y les vincula fraternalmente con todos los padres y madres de cualquier rincón del Estado español. Si Munté, que ha sido uno de los rostros más visibles del anhelo independentista, abandona el barco antes de tiempo, ¿cómo espera el Govern convencer a los catalanes de a pie de las bondades y ventajas de un proceso que inspira desconfianza en sus propios promotores? Las iniciales de la fecha del referéndum catalán se asemejan mucho al resultado de un partido de fútbol, que parece perdido antes de comenzar. Me pregunto si tiene sentido salir a jugarlo.

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