Yo mismo con mi turismo

16 jul. 2017

'Bananas' o la locura está de moda (en Venezuela)

JULIO REY
Con permiso de Woody Allen
Tres balas disparadas a quemarropa reventaron el pecho de David José Vallenilla a las afueras de la Base Aérea Generalísimo Francisco de Miranda La Carlota, al este de Caracas, jurisdicción del Estado de Miranda, Venezuela. Tenía 22 años. De la boca del fusil del sargento de la Guardia Nacional bolivariana Arli Cleiwi Méndez Terán salió la orden para imprimir la esquela en los periódicos venezolanos. No será la última. Las protestas empezaron en abril, como respuesta al golpe de Estado perpetrado cuando el Tribunal Supremo de Justicia, controlado por el Gobierno chavista, despojó de sus atribuciones a la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, elegida democráticamente en diciembre de 2015. "Agua y gasecito lacrimógeno porque las armas mortales están prohibidas" son los únicos medios disuasorios que utiliza mi policía, declaró el presidente Nicolás Maduro en conferencia de prensa internacional. El sargento Arli Cleiwi Méndez Terán sigue con sus galones, componiendo nuevas esquelas. Banana.
Los índices de pobreza en Venezuela superan el 80%. La escasez de productos básicos alcanza niveles inauditos. El nivel de violencia empieza a ser comparable al de una guerra y Venezuela es uno de los 10 países más corruptos del planeta. La elección, el próximo día 30, de una Asamblea Constituyente con la que Nicolás Maduro pretende mudar la Carta Magna y desactivar a la oposición, extrema el conflicto. Sin división de poderes, los derechos civiles agonizan: "La decisión del Tribunal Supremo de Venezuela de empezar el proceso de remoción de la fiscal general y de congelar sus activos y prohibirle la salida del país es tan preocupante como la violencia registrada recientemente en esa nación", ha señalado la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Banana madura.
Hoy la coalición que aglutina a los partidos enemigos del régimen de Maduro, Mesa de la Unidad Democrática, ha convocado una "consulta popular" en la que está preguntando a los ciudadanos si están o no de acuerdo con la modificación de la Constitución que impulsa el heredero que señaló Hugo Chávez -próximo a la muerte, el comandante seguía creyéndose inmortal y no mandó parar, imaginando que su zafio Nicolás nunca llegaría a sucederle-. Dentro del seno de la coalición han surgido voces críticas con el "plebiscito" que, a pesar de su carácter "simbólico", presenta agujeros legales. Pero lo que no se pone en duda es que será una nueva vuelta de tuerca, que puede precipitar la caída de la banana madura. A los rebeldes les guía su Mandela, cruelmente amordazado en las lóbregas jaulas de Maduro, un icónico mesías, que habría que saber si también es capaz de ligar con las famélicas clases más bajas de vientres vacíos, a las que no pertenece y a las que nunca se les pregunta. Venezuela, petrolera de ricos y narcotraficante de pobres.
Nicolás Maduro está enrocado con las balas y los intereses de la ultraconservadora oposición son un arcano. Sombras de nuevo en Caracas, de boinas rojas golpistas salva patrias. Banana fermentada.

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