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6 jul. 2017

Cataluña, en peligro

XAVIER RIUSDirector de e-noticias
Cataluña está en peligro. Incluso yo que soy tan escéptico con los salvapatrias y los momentos trascendentales me doy cuenta. Vivimos uno de los momentos más delicado de nuestra historia. Dentro de unos años el prusés estará a la altura de la batalla de Muret, la muerte sin descendencia de Martín el Humano o el compromiso de Caspe. Cuando se torció todo.

Por supuesto, es también el momento más complicado desde la reinstauración de la Generalitat. Más incluso que el 23-F. Después de todo, el intento de golpe de estado fue una noche. Hace cinco años que la bailamos aquí. No se puede mantener el país permanentemente en tensión durante tanto tiempo. Y menos en plena revolución tecnológica. Estamos perdiendo el tren digital.

Hasta hace poco, en efecto, nos decían que disfrutábamos del periodo de más autogobierno de los últimos 300 años. Y era verdad. Con defectos, carencias y sustos. También con un sistema de financiación insuficiente. O menos competencias de las queridas. Pero los anteriores períodos habían sido la Mancomunidad (1917-1923) y la Generalitat Republicana (1931-1939). Esta última solapada en una Guerra Civil.

Y entonces empezaron a decir que la Generalitat era una gestoría. Comenzaron los convergentes para desprestigiar al presidente Montilla. Después lo han dicho también para justificar su transición al soberanismo. Pero se tirarse piedras al propio tejado: si la Generalitat es una gestoría y tenemos un Parlamento de feria, ¿de qué sirven?

De repente todo es un desastre, España nos oprime, Franco ha resucitado, Rajoy es como Erdogan. Si no somos independientes desapareceremos como pueblo. O todo o nada. De acuerdo: se lo han jugado todo a una carta. ¿Y si no sale bien?

De hecho, la transformación de un partido de gobierno como Convergència en un partido antisistema donde sus diputados exhiben pancartas como los de la CUP no tiene punto de comparación en ninguna otra fuerza política de Europa occidental. Sólo les falta ir con chanclas al Congreso. Te guste el Rey o te la sude.

En todo caso, deben tener en cuenta dos cosas. Primera, no se puede hacer la independencia con sólo la mitad del país. Aunque, matemáticamente, tengan mayoría absoluta. Pero si para reformar el Estatuto ¡fueron 90 diputados! En la noche electoral algún diputado, luego defenestrado, lo admitió. Y El propio Artur Mas también, más recientemente. No es culpa del Estado, sencillamente la mitad de los catalanes no quiere o está convencido.

La otra opción es que quieran actuar de vanguardia revolucionaria. En plan Lenin: "todo el poder para los soviets". Pero estas revoluciones las hacen los descamisados, los sans-culottes, los hambrientos. No gente que veranea en Cadaqués o en la Cerdanya y sufre por su patrimonio. Además, todas las revoluciones en este caso -salvo la estadounidense- han terminado fosilizadas. La élite que lo ha llevado a cabo lo que quiere es mantenerse en el poder a toda costa.

Y, segunda, han hecho un enfrentamiento con el Estado sin valorar las propias fuerzas ni la fortaleza del rival. Lo que decía el destituido consejero Baiget: "Hemos tendido a menospreciar el Estado y el Estado tiene mucha fuerza". Jordi Baiget, por otro lado, ha descubierto la sopa de ajo. ¿Qué pensaban?

El propio Jordi Pujol, durante el debate del Estatuto, ya dijo que "cuando tienes que iniciar una jugada arriesgada, como una guerra, tienes que saber cuántos soldados tienes y cuántas escopetas, tanques, aviones, y saber hasta cuando tu gente puede aguantar el golpe".

Por eso están jugando con fuego: si el proceso no acaba bien -Cataluña reconocida por la UE y el resto de países occidentales, Ruanda no me serveix- la culpa será suya y sólo suya. Entonces no servirá de nada culpar a España, el PP, el CNI o Donald Trump. No, la culpa será sólo suya.

Y, por supuesto, todo el mundo es libre de suicidarse políticamente. Si Carles Puigdemont quiere hacerlo, adelante. Tampoco nos perderemos mucho. Sólo hay que seguirlo en twitter para darse cuenta que a menudo parece más un militante de la JNC que todo un presidente de la Generalitat. Pero si lo hace nos arrastrará a todos porque, nos guste o no representa a todos los catalanes.

No importa. Creo, honestamente, que no hay nada que hacer. Han esperado, en vano, una oferta de Madrid que les saque las castañas del fuego. Un oferta que no llegará porque, en la Moncloa, consideran que el proceso ya está amortizado. Sólo hay que ver como las movilizaciones han ido de baja. En el fondo han planteado el proceso como una partida de póquer. Y además iban de farol.

Por eso sacan pecho y quieren convocar el referéndum de todas todas. Buscan reventarlo todo, en expresión de la CUP. Aquella vieja máxima que cuando peor, mejor. Es la última esperanza. La suspensión de la autonomía, la atención internacional, que la UE haga de mediadora. Sueñan: la UE la han hecho los estados. No habrá choque de trenes. Simplemente el tren nos pasará por encima.


Lo peor es que el daño ya está hecho: costará mucho volver a coser el país, recuperar la autoestima de los catalanes y hacer todo lo que no han hecho los últimios años. En algunos casos sólo había que poner un poco de orden. Ni eso han hecho. Probablemente habremos perdido también la última oportunidad para ser independientes. Han quemado las naves. Por eso insisto: la culpa será suya y sólo suya. También quizás de todos los medios, intelectuales y periodistas que han tirado gasolina al fuego.

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