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3 jul. 2017

Cs se excede en el control de las comunicaciones

El Mundo

La decisión de Ciudadanos de prohibir en su reglamento de Organización el uso de canales como WhatsApp a sus afiliados con el fin de «denigrar» la imagen del partido pone de manifiesto cómo las formaciones políticas han quedado enredadas en el uso de las nuevas tecnologías. Poderosas herramientas de comunicación con los votantes, como Facebook y en especial Twitter, son un arma de doble filo para los políticos de hoy en día que en muchas ocasiones quedan atrapados por sus declaraciones a través de ellas.
La concienciación sobre el daño que puede hacer un comentario descuidado en una red social es cada vez mayor entre la clase política. Por ejemplo, el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, borró más de 52.000 tuits de su cuenta cuando fue nombrado portavoz del PSOE.
Sin embargo, hasta ahora ningún partido se había animado a regular el uso de estos canales en su reglamento. Establecer límites es un asunto peliagudo porque estamos en un campo en el que se pueden rozar derechos fundamentales como la libertad de expresión o la privacidad.
Parece razonable que un partido quiera evitar que una salida de tono en Twitter dañe su imagen. Pero incluir en un reglamento, como ha hecho Ciudadanos, el uso que los afiliados deben hacer de herramientas de comunicación privadas como el correo electrónico o WhatsApp es excesivo.
Este tipo de medidas no se puede defender con el argumento de que la formación quiere proteger su imagen. Más bien parecen encaminadas a evitar la discrepancia con la dirección y el debate entre sus bases, una práctica muy saludable en política. Como partido que hace bandera de la regeneración, Cs no puede imponer este tipo de medidas a sus afiliados. Su credibilidad se pone en juego con un reglamento como éste


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