Yo mismo con mi turismo

10 jul. 2017

De Seattle a Hamburgo



 


FERNANDO PALMERO

"Parece absurdo hablar de violencia", argumentaba un activista antiglobalización de apenas 22 años, "para referirse a unos jóvenes que desarmados se enfrentan con tanquetas y pistolas". Julio de 2001. Volvía de Génova, orgulloso, de participar en las luchas contra las fuerzas del orden para protestar por la celebración de una cumbre del G-8. Seguía la estela de lo que la épica del movimiento llamaba la batalla de Seattle, ocurrida dos años antes. "Violencia es que la gente esté muriendo de hambre, que vivan sin tener una casa y que la mayoría de la población esté condenada a la pobreza para mantener los privilegios de una minoría", terminaba, desplegando un discurso enérgico, simplista y demagógico que, con términos diferentes, aún mantiene. No ya en la calle, sino desde un escaño. Habrá sentido, quizá, nostalgia de aquellos años al ver los disturbios de Hamburgo con motivo del G-20. Y se habrá preguntado, quizá, cómo es posible que después de tantos fracasos el movimiento siga en marcha. Y habrá sentido, quizá, un escalofrío al pensar que el violento es, ahora, él.

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