Yo mismo con mi turismo

6 jul. 2017

El gran pastel


Hace 42 años que trabajo de periodista, hace más de 27 que fundé el semanario EL TRIANGLE y hace un mes y medio que he empezado el diario LA VALIRA. Soy pionero en Cataluña en ejercer la profesión de periodista-editor que, de unos años acá y gracias a la explosión de Internet, se ha multiplicado y consolidado, cosa que celebro. Por lo tanto, del sector de los medios de comunicación y de la gestión de los media creo que sé algo y, en especial, en Cataluña sé lo que se cuece.

Desde esta larga experiencia vivida y acumulada -que daría para escribir un libro muy gordo que he prometido que haré cuando sea viejo (¡soy joven!)- he seguido con atención la moción presentada por la CUP en el último plenario del Parlamento y que hace referencia a las subvenciones, a la publicidad y a las suscripciones institucionales de la Generalitat que tienen los medios de comunicación privados en Cataluña. Más allá de las críticas que se han formulado al otro lado del Ebro, esta moción tiene un aspecto que considero muy positivo: exige que el gobierno informe, de manera exhaustiva y detallada, de todas y cada una de las ayudas que, de la forma que sea, reciben las empresas mediáticas, tanto desde el departamento de Presidencia -que generalmente es el que las canaliza- como desde las consejerías y las empresas públicas.

Esta es una información clave que ya hace demasiados años que está escondida en una nebulosa y que explica, en gran medida, la artificial burbuja política en la cual estamos inmersos en Cataluña. El llamado prusés es, ante todo, un teatro construido y dirigido por expertos en marketing y comunicación que han dilapidado una montaña de dinero público para deslumbrar y abducir a la población.

Hay que decir que, en proporción, no hay ningún otro país de la Unión Europea donde desde el gobierno se destine tanto presupuesto -en forma de subvenciones, publicidad y suscripciones en bloque- a los medios de comunicación y ya es hora que se conozca el alcance real de este monumental pastel y quiénes son, con pelos y señales, sus beneficiarios. Todos los observadores extranjeros que intentan informarse y hacerse una opinión de qué pasa en Cataluña deberían ser conscientes que asisten a un enorme teatro mediático pagado desde el poder que se les quiere hacer creer que es la realidad.

Pero hay otro aspecto de la moción de la CUP que es el que ha hecho más ruido y que a mí, personalmente, me da risa. Es el que hace referencia a la obligación que tienen los medios de comunicación privados que reciben ayudas de la Generalitat de insertar la publicidad institucional del gobierno y, en concreto, la del hipotético referéndum del 1-O. EL TRIANGLE y el diario www.eltriangle.eu sufren una severa sequía de publicidad institucional de la Generalitat desde el año 2011, cuando CiU volvió al poder y, después, con Junts pel 3%.

Como podéis constatar, en esta página no hay ningún anuncio de la Generalitat. Yo, como editor, no tendría ningún problema en insertarla si la recibiera, pero soy consciente que, desde hace años, estoy en la lista negra del palacio de la plaza de Sant Jaume y ya he asumido que éste es el precio que tengo que pagar para poder ser libre. Denuncié esta injusta marginación al Síndic de Greuges, pero Rafael Ribó no se quiso mojar.

Obviamente, el hecho de que no tenga publicidad de la Generalitat (ni de la Diputación de Barcelona) obedece a aberrantes criterios de sectarismo político. En Cataluña, desde los tiempos de Jordi Pujol, se premia a los actores y a los comparsas de este teatro y se castiga con el pacto del hambre a los que nos negamos a comulgar con ruedas de molino.

El gran problema que se quiere esconder es, precisamente, la existencia de este gulag donde me han condenado –a mí y a miles de catalanes- y que me inhabilita a tener publicidad institucional y, por supuesto, a ser invitado a participar en los medios públicos de comunicación. Para la Generalitat procesista, EL TRIANGLE, sencillamente, no existe... ¡pero estamos vivos y muy vivos, como se puede constatar cada día y cada semana! Por eso me hace gracia que la CUP quiera forzar a insertar publicidad institucional a los medios subvencionados. ¿Y con los que no tenemos ni subvenciones ni publicidad, qué pasa?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡No te cortes! Dí lo que estás pensando