Yo mismo con mi turismo

11 jul. 2017

El secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco no fue uno mas, señora alcaldesa



 
Esta mañana de lunes, oyendo a Carlos Alsina, micrófono en mano, recorriendo el pueblo de Ermua, de donde era concejal del Partido Popular, Miguel Ángel Blanco, secuestrado por ETA tal día como hoy hace veinte años, y asesinado por la banda el sábado 12 de julio de 1997, he vuelto a sentir el mismo escalofrío y la misma angustia que sentí en mi despacho de director de informativos de Antena 3 Televisión, cuando conocí la noticia de que un joven concejal del PP, había sido secuestrado, nueve días después de la liberación del funcionario de prisiones, José Antonio Ortega Lara.
Ese jueves caluroso de julio, era el final de una semana larga y tensa, que comenzó con la liberación del joven abogado de Getxo, Cosme Delclaux, de 34 años, que permaneció secuestrado 232 días tras el pago por la familia del rescate
Exigido por ETA (mil millones de pesetas, 6 millones de euros) y, tras la liberación al día siguiente, después de 532 días de secuestro, del funcionario de prisiones Ortega Lara, por parte de la Guardia Civil, continuó con el secuestro de Miguel Ángel Blanco y terminó con el asesinato, cuarenta y ocho horas después del joven concejal de Ermua, Miguel Ángel Blanco, algo que no evitaron los millones de ciudadanos de toda España pidiendo su liberación.
Este lunes, desde Ermua, una villa de la provincia de Vizcaya, perteneciente a la comarca del Duranguesado, con una población de 16.000 habitantes y una extensión de poco más de seis kilómetros cuadrados, Carlos Alsina con su programa Más de Uno de Onda Cero, ha sido capaz, con la magia de la radio, de volver a dar vida a aquella jornada que llevaba consigo la muerte, desde que poco después de las dos de la tarde, un portavoz de ETA anunciara al diario Eguín el secuestro del concejal del PP, mientras otro,  simultáneamente, llamaba al Ministerio del Interior, pedía hablar con la secretaria del Ministro, y, cuando ésta cogía la llamada, le anunciaba la noticia pero de otra forma mucho más significativa:“Hijos de puta, vais a pagar lo de Ortega Lara. Gora Euskadi Askatuta”. Para Mayor Oreja, era una mala señal. Era la señal de que, desde ese momento, se iba a vivir, en cierto modo, la tragedia de una muerte anunciada, una muerte a cámara lenta.
A partir de ahí, todo empezó en Ermua, ese “espíritu” que animó a millones de españoles a salir a las calles de todo el país, pidiendo paz (“ETA, no Vascos, si”), con las manos pintadas de blanco y dónde hoy, su alcalde, el socialista Carlos Totorika, recuerda que la sociedad vasca está dividida, aunque, por primera vez, se puede hablar, siempre con prudencia del “conflicto”, siempre que no haya una condena de ETA o un trato critico de la banda. La sociedad sigue tan dividida que Totorika teme que si ese espíritu no se mantiene, las generaciones futuras no sabrán nada de Miguel Ángel Blanco y sí de” los héroes que lucharon contra los traidores españoles”. Pasó recientemente con Ortega Lara cuando a un joven le enseñaron la foto de su liberación con barba de más quinientos días y la mirada perdida, rodeado de policías y guardias civiles. “Es in terrorista,” contestó cuando le preguntaron si sabia quien era… el señor de la fotografía.
Nadie se acordará tampoco de Miguel Ángel Blanco, si no mantenemos vivo ese espíritu y, también, un relato donde las víctimas sean víctimas y los verdugos, verdugos. Aunque a alguno se le ocurra acordarse de Txapote, Francisco Javier García Gaztelu, como un héroe. Txapote, uno de los asesinos más sanguinarios de la banda terrorista, es el valiente Gudari que asesinó, cuarenta y ocho horas después de su secuestro, a Miguel Ángel Blanco. Mientras vigilaba en el coche dónde permaneció durante todo el secuestro el joven concejal vasco, Irantzu Gallastegui “Amaia”, Txapote y un tercer terrorista, José Luis Geresta, Oker”, sacaron a Blanco del capó del coche y, lo llevaron a unos matorrales. Iba con una capucha y con las manos atadas a la espalda. Le obligaron a ponerse de rodillas y mientras Geresta le agarraba para que no se moviera, la cabeza inclinada, Txapote, le metió dos tiros en la cabeza. Nada hubiera ocurrido si el concejal de Herri Batasuna de Éibar, Ibon Muñoa, no le hubiera pasado a la banda toda la información sobre el joven concejal popular al que conocía muy bien…
Llegó con vida al Hospital Nuestra Señora de Aránzazu en San Sebastián, pero fallecía de madrugada, la madrugada del sábado al domingo del 12 de Julio de 1997, a pesar de todos los intentos por salvarle. Hoy Alsina me ha hecho recordar, sentir y aceptar, sin dudas, que Miguel Ángel Blanco no fue una víctima más. Si hubiera oído a Alsina, señora alcaldesa, lo comprendería… Tengo que decirle que se ha equivocado y que espero que rectifique…

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