Yo mismo con mi turismo

2 jul. 2017

El último fiasco de Artur Mas

XAVIER RIUSDirector de e-noticias
Al final Mas no dejará en herencia ni el BCN World. Era su última oportunidad para pasar a la historia más allá del proceso. La mayoría de políticos intentan dejar huella para la posteridad. Es una tradición que arranca en la antigüedad clásica.
El emperador Vespasiano, en efecto, dejó el Coliseo. Aunque lo terminó -y lo inauguró- su hijo Tito. Y antes de que él Calígula, cuando aún no había enloquecido, también ordenó la construcción de dos nuevos acueductos para Roma. Mitterrand, el único socialista que ha llegado a emperador de Francia, siguió la tradición con la pirámide del Louvre. Pujol dejó el TNC y TV3.
Aún recuerdo cuando presentaron el proyecto, a bombo y platillo, en Palau. Como el magnate estadounidense Sheldon Adelson anunció que se llevaba el Eurovegas en Madrid -al final también terminó en nada- se inventaron una contrapropuesta totalmente nueva. Sobre el papel era espectacular: seis parques temáticos, 12.000 habitaciones, seis casinos, un centro comercial. Ahora casi todo es papel mojado. Visto en perspectiva fue una operación de marketing político.De hecho, en e-notícies fuimos los primeros en advertir que la Generalitat había elegido de socio a Enrique Bañuelos. El primer promotor en quebrar -entonces una quiebra récord- durante la crisis inmobiliaria. Los hechos nos dieron la razón. Se terminó retirando del proyecto. Eso sí, se llevó la marca de BCN World. La había registrado a su nombre.El proyecto sufrió también los primeros tira y afloja dentro del Gobierno de Junts pel Sí. Puigdemont propuso una consulta a los municipios afectados, Junqueras replicó con una en toda Cataluña. Las consultas se habían puesto de moda. Al final el propio presidente enterró la idea.Finalmente, la única empresa que ha presentado una propuesta es la estadounidense Hard Rock, pero un proyecto mucho más reducido. Y todos los detalles no se conocerán hasta el próximo día 10. Puigdemont se ha apresurado a decir que es una "gran noticia". Qué va a decir. Quien no tiene carne,  roe los huesos.No importa, en época de crisis no se puede rechazar una iniciativa como el BCN World. Sobre todo si atrae turismo de calidad. Pero demuestra también que, a pesar de la crisis, Cataluña no ha cambiado de modelo económico. Básicamente seguimos siendo ladrillo y turismo.En una época en la que todo el mundo coincide en que estamos viviendo cuarta revolución industrial, la tecnológica, estamos perdiendo irremediablemente el tren. El pasado mes de enero la consejera Borràs decía que "tenemos que ser líderes en la revolución digital igual que fuimos en la industrial".Nada, buenas palabras. Todavía estamos dando vueltas a si nuestros estudiantes universitarios les tenemos que pedir el First Certificate -el certificado más elemental en inglés- o no. Una medida que se arrastra desde la época Mas-Colell. No vamos bien. Y hace ya mucho tiempo.

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