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14 jul. 2017

Frontera

Las dudas que algunos tienen a la hora de honrar la memoria de Blanco vienen marcadas por el sectarismo político

No entiendo lo que ha pasado. Quizá no quiero entenderlo. Porque ni la más paciente explicación logra convencerme de las razones que han podido hacer dudar de que colgara del Ayuntamiento de Madrid una pancarta recordando la injusta, la cruel muerte de Miguel Ángel Blanco hace 20 años.
Y si la mujer a la que he votado para ser la alcaldesa de mi pueblo es quien ha dudado para tomar la decisión, lo entiendo mucho menos.
Bueno, Carmena ha rectificado y mi voto por ella se ha hecho más firme de lo que era, porque puedo pasar por un error en la gestión de la limpieza, pero no por uno en la consideración de los derechos humanos.
Se han manejado estos días muchos argumentos al respecto. El más utilizado ha sido uno de los más miserables: que el PP pretende utilizar el asunto. Puede ser que sea verdad. ¿Y qué? Porque yo creo que es obligatorio que lo utilicen todas las fuerzas y las instituciones democráticas, ya que la rebelión que empezó en Ermua unió a la gente contra ETA y su entorno como nunca lo había estado antes.
Y conmemorar el asesinato de Miguel Ángel Blanco sigue siendo, por desgracia, una frontera en España, que no es entre la derecha y la izquierda sino entre la decencia y la indecencia.
¿Y por qué él, precisamente él? Pues porque esa gran movilización unitaria se dio con su muerte. ¿Podría haberse hecho con otro? Pues a lo mejor, pero a mí me parece difícil encontrar un caso más adecuado, y el que fuera un modesto concejal, sometido como cualquier militante del PSOE, IU o PP, a la amenaza terrorista o a la mirada de odio cotidiana de quien te vende el pan, por ejemplo, lo convertía en alguien admirable que representaba muy bien lo que fue la vida de tantos modestos héroes que lucharon contra ETA y su entorno con el simple hecho de vivir.
Ese entorno que sigue echando de menos a los pistoleros que les garantizaban el confort ideológico y estético que daba —y todavía da en otras latitudes— estar contra España.
Mucho me temo que las dudas que algunos tienen a la hora de honrar la memoria de Blanco vienen marcadas por el sectarismo político. Porque todavía quedan resabios en alguna parte de la izquierda que hacen que parezca más natural tomarse unas cañas con alguien de Bildu que con un militante del PP de Guipuzcoa.
Miguel Ángel Blanco, su asesinato, marcó una frontera. Después de aquello ya no valen subterfugios.
Gracias, alcaldesa.

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