Yo mismo con mi turismo

8 jul. 2017

La gran impostura


LUIS HERRERO

La reunión entre Sánchez y Rajoy trató únicamente de orillar los desacuerdos sobre el referéndum catalán 

En el juego marrullero de la táctica sucia,Sánchez volvió a sorprender a Rajoy. Habían llegado al encuentro con el pacto previo, cocinado en la rebotica de sus respectivos gabinetes, de trasladar una cierta imagen de buen rollo para que el mensaje de colaboración frente al desafío independentistafuera capaz de transmitir confianza a los ciudadanos. La liturgia inicialmente prevista iba justo en la dirección contraria: reunión a las 11 en Moncloa y rueda de prensa de Margarita Robles, hora y media después, en Ferraz, 70. Réstense los 20 minutos del trayecto y los 20 de aleccionamiento a la portavoz -que debía hablar de una entrevista a la que no había asistido- y quedará claro que la primera previsión le reservaba al encuentro una duración máxima de 50 minutos.
Tras el cabildeo entre Moragas y Serrano, esa liturgia se modificó: reunión larga, caras de entente cordial durante los mudos televisivos y comparecencia posterior del portavoz del Gobierno para darle al evento más realce informativo. El embajador de Rajoy trató de conseguir que la rueda de prensa de la parte socialista corriera a cargo del propio Sánchez, o en su defecto del número dos del partido, José Luis Ábalos, pero el secretario general del PSOE se mantuvo firme en su apuesta por la portavoz parlamentaria, que cumplió el encargo con exactitud de relojería suiza.
A diferencia deMéndez de Vigo, que aguó todo lo que pudo el vino de las discrepancias y puso el acento en el «acuerdo en lo esencial», Margarita Robles se hizo fuerte en los adversativos. El Gobierno lleva cinco años sin hacer nada. El Gobierno aún tiene la obligación de sentarse hablar con Puigdemont. El Gobierno debe coger la iniciativa legislativa por los cuernos para ofrecer una solución negociada. El Gobierno no puede seguir poniéndose de perfil. Y si el Gobierno no reacciona, Sánchez dará un paso al frente. Sánchez buscará el espacio para el acuerdo. Sánchez hablará con Puigdemont. Sánchez tomará la iniciativa legislativa. Sánchez nos sacará del apuro. Quítate tú que me pongo yo.
¿Apoyo al Gobierno? Margarita Robles sólo pronunció la palabra «apoyo» una sola vez, y no lo hizo en referencia al Gobierno, sino a la legalidad constitucional. ¡Vaya notición! El PSOE apoya la legalidad constitucional. ¡Menuda sorpresa! ¿Acaso era imaginable que la vocera del primer partido de la oposición pudiera decir lo contrario? Los monclovitas se miraban atónitos unos a otros mientras seguían la comparecencia de Robles. Estaba diciendo cosas que no habían salido a relucir en la entrevista. Sánchez no le reclamó a Rajoy ninguna iniciativa legislativa concreta. Tampoco hablaron del artículo 155, que tanto juego dio durante la rueda de prensa. El presidente del Gobierno evitó referirse a él porque sabía de antemano que su interlocutor le iba decir que no contaba con su apoyo para aplicarlo y de lo que se trataba, justamente, era de orillar los desacuerdos. Al líder del PSOE, sin embargo, no le importó que su delegada fijara esa línea roja durante la explicación pública de un encuentro privado que no había transcurrido por los cauces que se estaban dando a conocer. Ni fue tan pastueño como dio entender el portavoz gubernamental, ni tan reivindicativo como insinuaban las palabras de Robles.
La conclusión es que vivimos bajo el influjo de una gran impostura. Más allá de las versiones interesadas, lo cierto es que Sánchez sigue sin tener noticias detalladas de los planes que está urdiendo el Gobierno para evitar el referéndum, y Rajoy sigue sin saber cuál es el alcance concreto del apoyo que le brinda el PSOE. Claras, lo que se dicen claras, solo hay dos cosas: que el uno y el otro siguen sin decirse la verdad y que las consecuencias del choque de trenes del1 de octubreno quedarán al margen de la batalla política. En función de la magnitud del desastre, Génova le reprochará a Ferraz la falta de ayuda, y Ferraz esgrimirá la cerrazón de Génova para encontrar soluciones políticas. Pincho de tortilla y caña a que el presunto pacto de colaboración que suscribieron el jueves PP y PSOE se transmuta, en otoño, en pasto de confrontación.

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