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8 jul. 2017

La prensa y el populismo


Mayte Alcaraz

A Garzón le molesta la prensa libre en España y no el asalto al Parlamento venezolano 

Alberto Garzón lleva muy mal la evidencia de que haberse cargado Izquierda Unida para asaltar los cielos con la poco recomendable compañía de Pablo Iglesias ha tenido como única cosecha que él esté en el infierno político. No lo lleva bien. Los que lo conocen cuentan su desasosiego por haberse convertido en el convidado de piedra del festín populista. Verle sentado en el escaño junto a Errejón, el otro gran sacrificado por el camarada líder, es toda una metáfora de la calamitosa gestión del diputado malagueño. Una vez me contó Garzón que el éxito de su convergencia con Podemos radicaba en que en Vistalegre II no ganaran las tesis «moderadas» de Errejón sino las comunistas de Iglesias. Pues bien, perdió Errejón, ganó su afín y el antiguo dirigente de IU ha terminado conviviendo, paradojas tiene la política, con el excluido portavoz en los poblados marginales de Podemos, donde habita el olvido de Iglesias.
Nada que ver con los tiempos en los que Iglesias era el asesor televisivo de Garzón. Los cachorros de la nueva izquierda sabían que en las teles estaba el futuro. Pero El Dorado electoral era solo para Podemos. IU era un daño colateral de escasa importancia. Por eso llora Alberto, el otrora dirigente mejor valorado pero menos votado de España. Y como casi todos los comunistas fracasados ha mirado a su alrededor y ha concluido que la culpa la tiene la Prensa. La Prensa libre, claro. Resulta que el valedor del régimen de Venezuela maneja un documento en el que se lamenta del «tablero del juego mediático» en España. Descontado que lo que le gustaría a Garzón es pedirle prestada la bota de pisar la democracia y la libertad de expresión a su amigo Nicolás Maduro, conviene que el soliviantado dirigente no se confunda de latitud y de país. Decir que la Prensa en España responde a una «lógica cortoplacista, individualista y de confrontación» aboca a un diagnóstico muy severo sobre el concepto de democracia que atesora Garzón. Lo mismo cabe colegir de un político que llama a la Asociación de la Prensa de Madrid, que representa a más de 7.000 periodistas, «una expresión castiza de la cultura de la Transición». Y todo porque al lumbreras de IU, que fulminó una organización que comparada con su enterrador era todo un ejemplo de responsabilidad, le molesta que Iglesias le haya robado la merienda y todo lo que le queda por delante sea calentar banquillo.
No debe desviar la mirada el coordinador de IU. Su enemigo lo tiene sentado en la fila delantera de su grupo. A Iglesias y a su descriptible olfato político le debe Garzón la pérdida de una masa de votantes que fueron determinantes durante años para gobernar, por ejemplo, la Comunidad de Madrid en tiempos de Joaquín Leguina.
Aquí, la prensa libre suele decir lo que piensa. Es en Venezuela donde sus camaradas asaltan el Parlamento, como ocurrió ayer, mientras cierran la boca a los periodistas.

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