Yo mismo con mi turismo

7 jul. 2017

La propuesta de la CUP de expropiar la catedral provoca rechazo en sus propias filas

Hubo un día, no muy lejano, en que muchos votantes de la Convergència de antes, respetuosos con el orden establecido y con las tradiciones –incluso con la misa dominical– comenzaron a reírles las gracias, no sin un ligero rubor en las mejillas, a “aquests nois de la CUP, una mica eixelebrats, però bons nanos”. Los cuperos se habían convertido de la noche a la mañana en compañeros de viaje imprescindibles en la ruta hacia la independencia emprendida por el nacionalismo catalán. Hasta se podía obviar –que ya es mucho obviar– que se declararan anticapitalistas. Algo parecido sucedía con los comunes, que, antes de tocar poder y de convertirse en miembros del sistema –eso sí, siempre críticos con el sistema– vieron en la gente de la CUP los aliados naturales para demostrar que otro mundo es posible. Hoy, unos y otros han dejado de reírles algunas ocurrencias. Quizás por hartazgo del protagonismo adquirido por una fuerza política minoritaria que siempre se las apaña para estar en misa y repicando.
Los cuperos de Barcelona han conseguido esta semana que se hable de ellos con su propuesta de expropiación de la catedral para usos sociales (una escuela de música, un economato para los más necesitados...). El arzobispado se lo tomó en serio y salió a defender religiosamente lo que es suyo. A Albert Rivera y Xavier García-Albiol les faltó tiempo para echar unas gotas más de ácido sobre la herida por la que supura el PDECat. Pero en el pleno del distrito de Ciutat Vella, donde ayer se debatió la iniciativa, la CUP se quedó absolutamente sola. Era de esperar. La iniciativa incluso había merecido una respuesta en Twitter de la diputada de esta formación Gabriela Serra, que defendió el derecho de “las iglesias y las mezquitas con culto abierto” a “abrirse a sus creyentes”.
“¿A qué esperan a okupar la catedral?”, ‘sugirió’ a los cuperos la representante de Ciutadans
El consejero de la CUP en Ciutat Vella, Joan Suqué, lamentó en el pleno la “incredulidad y mofa” de la propuesta. En tono lastimero se mostró satisfecho de no pertenecer al grupo de Whatsapp de los consejeros del distrito ni de ir a cenar con quienes consideran “chorradas cosas que nosotros nos tomamos de buen corazón” . Y es que las razones esgrimidas por la CUP –la propiedad privada, amparada por “el Concordato y las leyes franquistas” de un edificio con valor patrimonial– no convencieron a nadie.
Todo el mundo felicitó al consejero de la CUP por su habilidad para conseguir titulares de prensa y retuits. “¿A qué esperan a okupar la catedral?, le espetó (¡qué peligro!) la representante de Ciutadans. “Impresionante y surrealista. Han conseguido montar un show. Ustedes siguen el camino de Ada Colau”, dijo la consejera del PP. De “propuesta chorra” la calificó el PSC. De “astracanada”, la tachó el PDCat.
Más comedidos, igualmente en contra pero sin utilizar calificativos, se mostraron los portavoces de ERC y de BComú. Este último se limitó a anunciar el sentido de su voto, pero posteriormente, hizo constar su enojo cuando los vecinos que tomaron la palabra –sospechosamente en sintonía con el consejero de la CUP– quisieron dar a los comunes “lecciones morales”.
Antes del pleno de Ciutat Vella, el alcalde accidental, Gerardo Pisarello, en una entrevista en Catalunya Ràdio, había calificado la propuesta de “un poco irresponsable”. “Me gustaría saber –dijo el número dos del Ayuntamiento– si la CUP estaría dispuesta a expropiar las iglesias de Berga o si en la partida presupuestaria que se ha pactado con el Govern de la Generalitat se incluye la indemnización para expropiar Montserrat”. Mejor no dar ideas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡No te cortes! Dí lo que estás pensando