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13 jul. 2017

La rebelión de un muchacho excelente

Puigdemont afronta el gran reto de un referéndum creíble sin respetar la legalidad

Puigdemont compareció este miércoles por el cese del 'conseller' Jordi Baiget. Dijo que el 'president' podía nombrar y separar a su equipo. Elemental. Y tanto él como Jordi Turull, portavoz de Junts pel Sí, asumieron que Baiget fue un buen 'conseller'. Solo una breve alusión a la necesaria confianza y ni contestó a la oposición.
Me quedé 'pasmao', que diría Alfonso Guerra. O sea que Baiget era un muchacho excelente –como se canta en los cumpleaños– y por eso se le aparta. En realidad, Baiget hizo lo prohibido a todo ministro. Dijo que el gran objetivo del Govern –el referéndum– era imposible. Añadió que los ministros no eran informados y que las decisiones clave se tomaban fuera. Y, por último, confesó que muchos 'consellers' del PDECat deseaban la independencia y estaban dispuestos a unos días de cárcel –saliendo bien en TV-3– pero que no querían arriesgar su patrimonio. Y Jordi Baiget –desde un partido centrista y de orden– tiene toda la razón. Lo que pasa es que a CDC el siglo XXI se le ha indigestado.

MEJOR OLFATO

Maragall le arrebató la Generalitat y el líder fundador se tuvo que apartar por desordenado incremento patrimonial. Y al nuevo se le subieron a la cabeza –cual Quijote de Premiá– los vapores de 1714. Y de repente, CUP mediante, Puigdemont –independentista de 'pedra picada'– se encuentra al frente de un partido al que le asusta más el Tribunal de Cuentas que el artículo 155. Puigdemont solo podía cesarlo, aun sabiendo que no debía hacerlo. Porque cuando Baiget, disciplinado soldado, se insubordina es porque ha olido mejor a su partido y a la sociedad. Aznar dijo que Catalunya se partiría antes de que España se rompiera. La vicepresidenta Soraya –menos grandilocuente– dijo ayer que el gobierno catalán se iba a despeñar con el referéndum. ¿Solo lo afirma por haber leído la crónica de un diario que detalla una reunión Puigdemont-Jonqueras, en la que el segundo se negó a comandar el referéndum, salvo previa purga de Consellers del PDECat?
Puigdemont aseguró que Jonqueras se ocupa desde hace meses, pero se venía anunciando que se nombraría un 'conseller' para ese reto. El 'president' tampoco descartó nuevos cambios de gobierno pero –contra lo que circuló a primera hora–no los hizo. ¿Está apresado entre un PDECat, que va redescubriendo la fuerza de la gravedad, y un Jonqueras que se come en las encuestas a la antigua CDC?

DIFÍCILES REVOLUCIONES

Las revoluciones son difíciles en la Europa de hoy. Y romper un Estado de la UE tiene poco que ver con la independencia de los países bálticos (contra la Unión Soviética) hace 30 años. Cuando Jonqueras dijo, antes del 9-N, que la independencia podía exigir una huelga general, el independentismo bienpensante se escandalizó. Pero romper unilateralmente España sería rupturista. Más propio de jóvenes airados que de gente sensata de clase media que se apuntó al partido del 'peix al cove'.
Solo Artur Mas, brillante alumno de Aula, pudo convencer a su partido, y a media Catalunya, de que era compatible ser presidente 'business friendly' y exitoso agitador revolucionario.

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