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18 jul. 2017

Macron se prepara para un otoño tenso

 
El Presidente Macron no se ha dado un segundo de tregua desde que se instaló en el Elíseo. Exhibe cada día un perfil presidencial más acentuado, para envidia incluso de su equivalente norteamericano que durante su visita a París ha percibido el poder que la V República francesa otorga a su Presidente. La Constitución francesa alentada por el general de Gaulle e inspirada en el modelo norteamericano otorga al presidente el mayor poder imaginable en sistemas democráticos que sustentan en la división de poderes  uno de sus valores centrales.
Macron ha acreditado en pocos meses, a pesar de su inexperiencia política (más por juventud que por otra razón), que sabe cuáles son sus poderes y que está dispuesto a ejercerlos sin reserva. Estos días ha enviado un mensaje claro al jefe del ejército francés, crítico con el Presupuesto de Defensa, sobre quien manda en el “gran mudo”.
Pero ha sido la política exterior el eje de la actuación de Macron a lo largo de sus primeras semanas. Las citas en París con Trump, Putin, Merkel, Xi Jumping… y los contactos mantenidos cada uno de ellos y otros dirigentes con proyección mundial, en las cumbres del G20, de la OTAN…  colocan al presidente francés en el centro de la política mundial. Una posición que está por encima del poder real de Francia y al papel de los presidentes franceses en el tablero internacional.
No hay resultados tangibles de esa estrategia diplomática pública, no hay frutos evidentes, pero la apariencia de que hay política internacional francesa con pretensiones es un dato en estos momentos. El presidente Macron sabe que su agenda crítica tiene que ver con la recuperación de Francia, con su Revolución (así ha titulado su libro de presentación presidencial), con reformas en el funcionamiento de la República, en los partidos políticos, el sistema electoral, el modelo de relaciones laborales… que darán la medida de líder del joven Presidente. Y para ello una proyección internacional relevante puede ayudarlo.
Muchos jefes de gobierno se han deslizado a la agenda internacional para compensar los fracasos en la nacional. Macron parece anteponer la agenda exterior a la interior para reforzar su liderazgo. Porque es evidente que a la vuelta del verano Macron tendrá que poner en marcha las reformas para revitalizar Francia y que las resistencias no las va a encontrar en el Parlamento o las instituciones sino en la calle. Las protestas de cuantos van a ver amenazado su statu quo y privilegios van a  medir el liderazgo del Presidente este mismo año. En Francia la calle desafía al poder desde hace siglos, forma parte de su propia naturaleza. La calle despidió a De Gaulle y neutralizó a los dos anteriores presidentes (Sarkozy y Hollande) que renunciaron a su agenda reformista en cuanto tropezaron con  las protestas ciudadanas.
Macron tendrá un otoño tenso durante el cual se pondrá a prueba su liderazgo, si lo percibido o hasta ahora es un cohete fugaz de un político sobrevenido al que el viento de la coyuntura y al agotamiento de los demás ha llevado más allá de sus capacidades. Francia quiere volver a la influencia exterior, pero antes tiene que salir del estancamiento interior.

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