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18 jul. 2017

Sánchez, Rajoy y el modelo vasco


La dimisión de Albert Batlle indica que el choque de trenes parece hoy inevitable, pero...

La radicalización de Puigdemont -la última prueba es la dimisión del director de la policía catalana Albert Batlle, un hombre de la tradición del PSC- hace que la negociación previa al choque de trenes parezca imposible. El independentismo ha rechazado la propuesta de Pedro Sánchez de abrir en el Congreso una subcomisión para la reforma constitucional y de negociar, al mismo tiempo, la financiación autonómica, las inversiones estatales y el estatus de la lengua catalana.
Y desde la otra orilla, las reacciones tampoco son buenas. Albert Rivera, quizá pensando en la próxima campaña, ha afirmado algo tan madrileño como que el PSOE abraza "el independentismo del PSC". Y desde el PP (Fernández-Maillo), le reprochan no cerrar filas con el Gobierno y argumentan que en este momento solo cabe exigir el cumplimiento de la ley.
Sin embargo, la posición del PSOE y del PSC -ley sí, pero también política- puede ser la viable en el futuro. El inmovilismo ha logrado que hoy la situación sea mucho más irrespirable que la del 2011 cuando Rajoy llegó al poder. Es consecuencia de lo que Sánchez define como "el intento del PP de gobernar España y Catalunya sin contar con Catalunya".
La idea de empezar a negociar creando una subcomisión parlamentaria, compartida pese a otras diferencias por Felipe González, quizá no sea la solución y debamos convivir muchos años con el 'procés', pero el PP no debería despreciarla. Entre otras cosas porque intuyo que Rajoy quisiera rectificar sin abdicar de su pasado. Alguien relevante me dice que le admitió que, si existiera la marcha atrás, quizá tendría otra actitud ante el Estatut. Y el sábado en Bilbao puso de modelo a Urkullu: "Lo que se está haciendo entre el Gobierno de España y el Gobierno vasco es lo que se debe hacer". Pero es que Euskadi (y Navarra) con el concierto "ya se rigen por un principio confederal, lo que acredita que es posible, 40 años después, convivir compartiendo soberanías", sostiene Daniel Innerarity, filósofo cercano al PNV.
¿Cuando Rajoy alaba a Urkullu, solo ataca a Puigdemont, o viene a admitir, en confesión freudiana, que hay ahí una posible salida? Además, los mensajes de la vicepresidenta son cautos y la ministra de Defensa, que dijo que había que defender España por tierra, mar y aire, se ha callado. Como ganas de hablar tiene, intuyo orden superior.

LA ESTULTICIA CENTRALISTA

Lo que pasa no es solo culpa del independentismo, sino también -quizá más- de la estulticia centralista. ¿Recuerdan a Wert y lo de "españolizar" a los niños catalanes? Pues ahora Pablo Casado, portavoz del PP, ha afirmado: "Las purgas de Puigdemont se parecen a las de Maduro y a la absoluta intransigencia que vivimos los constitucionalistas, a quienes nos costaba la vida defender nuestras ideas".
¿Cuando Casado equipara crasos errores del 'president' con los crímenes de ETA, no sabe que engrasa la máquina independentista? La ignorancia cum laude es peor que el reaccionarismo. Y si Rajoy quiere algo de credibilidad debería llamarlo al orden. Justo lo que no hizo con Wert en el 2012.

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