Yo mismo con mi turismo

1 jul. 2017

Suerte del Rey Juan Carlos

Me da igual que el Rey Juan Carlos sea un mujeriego -en el caso que lo sea- o que le haya puesto los cuernos a la reina Sofía lo cual le incumbe sólo a él y a ella. Doña Sofía siempre me ha parecido una señora. Una señora reina. También espero que esté limpio de polvo y paja porque el papel de Manuel Prado y Colón de Carvajal no quedó nunca claro del todo.
Pero dicho esto nadie puede negar su indudable papel en la Transición. Si hay democracia en España -yo no creo que sea como Turquía como dicen por aquí- es gracias a dos hombres: el Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez. Probablemente el tercero es Santiago Carrillo, que asumió los nuevos tiempos y de paso modernizó el PCE. Quizá incluso lo hundió
Por eso ha sido un error no invitarlo al 40 aniversario de las primeras eleccions generales en el acto que tuvo lugar el pasado miércoles en el Congreso. Es peor que una torpeza de protocolo, es un error político. No se lo merece. De hecho, nadie se cree que sea un simple lapsus. Ha sido un olvido voluntario y premeditado.
Ahora andamos renegando de la Transición. Pero lo cierto es que se hizo lo que se pudo, que ya es mucho. Y en más de una ocasión (el intento de golpe de estado de Tejero, la Operación Galaixa, etc.) parecía que pendía de un hilo. Tampoco hay que olvidar que ETA llegó a matar de 70 a 80 personas cada año. La inmensa mayoría militares, policías y guardia civiles. Lo de políticos y periodistas vino después.
El 23-F yo tenía 17 años, estaba a punto de hacer un examen de inglés en un International House de la calle Trafalgar y nos mandaron a todos para casa. Como era un joven militante de la JNC -y de CDC- como ya conté en otro artículo me fui a la sede de Convergencia del distrito. Un destartalado local en la calle Garcilaso, encima de la Meridiana, por si hacía falta esconder los archivos.
Eramos cuatro gatos. Creo que Alexandre Mercadé, entonces presidente de Convergencia en el distrito IX Sud de Barcelona; un vecino de la Sagrera, Camil Padró, y apenas alguno más. Alguién se llevo la lista de militantes a su casa por si triunfaba el golpe. Mi madre sufría.
Hasta que no salió el Rey por la noche, en uniforme militar y cargado de medallas, por al tele no respiramos tranquilos. Salió tarde, pero salió. Sí, lo puso Franco. ¿Y qué?. A la hora de la verdad estuvo con los demócratas.
Muchos de los que ahora reniegan de la Transición -comenzando por los de Podemos- ni siquiera la vivieron. No fue un camino de rosas, fue casi un milagro. Una operación quirúrgica. Quizá se pudo hacer mejor pero en todo caso no se pudo hacer más. No vamos a esconder la historia a estas alturas. Gracias, majestad, por lo que hizo.

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