Yo mismo con mi turismo

8 jul. 2017

'Toque de queda' de cerebros.cat



TEODORO LEÓN GROSS

Hace ya tiempo que dejó de resultar interesante preguntarse cómo es posible que el presidente de la Generalitat pueda transmitir en una red global que en Cataluña está declarado el estado de amenaza con toque de queda incluido, haciendo referencia a restricciones severas de la libertad allí, para terminar clamando ¡Democracia! Ni siquiera un disparate así impresiona ya a nadie. El president -tiempo atrás se abandonó aquello de molt honorable- no se distingue de los agitadores, ya sea Lluís Llach en las barricadas de esa tercera juventud siempre ridícula o la caricatura de Guardiola prestándose a internacionalizar que España es un Estado autoritario.
Es un proceso elemental: la espiral del ruido es el fenómeno inverso a la espiral del silencio. Mientras una parte tiende a callarse ante el discurso dominante, otra parte, envalentonada por la impunidad y necesitada de titulares altisonantes para mantener la ilusión del éxito, a diario da media vuelta de tuerca a la retórica provocadora. Al final es pólvora mojada. Tal vez hace 20 años impresionara el Freedom for Catalonia, pero a estas alturas el somatén chusco del nacionalpopulismo catalán, a golpe de enormidades -de Mas a Forcadell, de Junqueras a Rahola- ha provocado que sus discursos, fuera de Cataluña, resulten más ridículos que inquietantes.
Al final lo único interesante será preguntarse cómo fue posible que millones de ciudadanos de una sociedad europea culta y acomodada pudieran dejarse arrastrar por esa melodía grosera como críos tras el flautista del Hamelin. Y que lejos de abochornarse ante la colección de mentiras y consignas de brocha gorda que les despachan a diario -toques de queda, totalitarismo español, Espanya ens roba y todo eso- reclamen más madera.
Sí, claro, detrás hay un proceso de adoctrinamiento lento y profundo desde las aulas y los medios. Hay buenos ensayos sobre esto. La inversión en propaganda ha sido eficaz, con muchos medios adheridos a la causa como Principios Fundamentales del Movimiento. Pero, aún así, todo es demasiado obvio. Y "en política, que a uno le engañen no es excusa", escribe Timothy Snyder en su ensayo Sobre la tiranía. Comprar que el derecho a decidir es el primero de los Derechos Humanos o que permanecerán en la UE con pleno derecho sólo es responsabilidad de quien se deja engañar.
Salvando las distancias con la Alemania de los años 30, hay allí alguna lección que aprender como hace Snyder en su ensayo sobre el huevo de la serpiente del totalitarismo incubado a la vista de todos. Y apunta: "No somos más sabios que los europeos que vieron cómo la democracia daba paso al fascismo, al nazismo o al comunismo durante el siglo XX". La mitad dominante de la sociedad catalana ya ha aceptado, sin más, el secuestro del Parlament para el 'prusés' o la propuesta de intervenir el poder judicial y los medios. Y bien, oye.
Cataluña es el laboratorio próspero de uno de los fenómenos de nacionalpopulismo más asombrosos en Europa. El enemigo exterior ha funcionado, eso sí, con un discurso que no se atrevería a usar Le Pen o Tsipras, si acaso Putin, partiendo por la mitad a la sociedad catalana. Han ido del ventajismo económico, creyendo como los británicos que hacían un gran negocio, a la lógica supremacista, teniéndose por superiores. Al cabo allí no hay más toque de queda que el que se han autoimpuesto en sus cerebros para no pensar. Por eso cuela todo. Pero la resaca será dura. Concluye Snyder: "La posverdad es el prefascismo".

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