Yo mismo con mi turismo

3 jul. 2017

Una huida hacia delante caótica pero efectiva


A falta de tres meses para el 1-O, el Govern de la Generalitat sigue teniendo enormes dificultades para poder llevar a buen puerto la celebración de la consulta. Lo tiene todo en contra y cada día parece más claro que si logra organizar un referéndum se parecerá más a un 9-N que la consulta vinculante que aspiraba a culminar. Siendo esto cierto, los partidos soberanistas están ganando la batalla de la opinión pública como revelaba ayer la encuesta publicada por La Vanguardia . Como ya explicamos en otro anterior artículo en esta sección, el objetivo final de los soberanistas no es hacer un referéndum, sino lograr la independencia de Catalunya o, en su defecto, un pacto con el Estado que dote de más poder a la Generalitat. Y el error continuo del Gobierno de Mariano Rajoy está en intentar ganar la batalla cortoplacista del referéndum y no plantearse una propuesta de largo recorrido para convencer a los catalanes de que puede haber alternativas a la independencia.
Como muy bien decía Narciso Michavila, presidente del GAD3, la empresa que realizó el sondeo anteriormente citado, seguramente existen más partidarios de la reforma que de la ruptura en Catalunya, pero si las únicas alternativas que tienen los catalanes son el inmovilismo o la independencia, se inclinan por esta segunda. No por una amplia mayoría, ni mucho menos, pero sí suficiente como para poder ganar en un referéndum o, como apunta la segunda parte de la encuesta, mantener el control del Parlament aunque ERC y PDeCAT se presenten en candidaturas separadas.
Los temores a la respuesta judicial obligan a una gran improvisación
La lista de dificultades, despropósitos y complejidades que tiene el Govern para llevar adelante su empresa es conocida por todos. Por un lado existe el acoso policial y judicial que impide convocar un referéndum legal que sea reconocido. Cualquier anuncio o disposición que quiera hacer el Govern tiene un claro riesgo de una severa respuesta penal. Salvo un puñado de dirigentes que están dispuestos a todo, entre los que cabe incluir al president Carles Puigdemont (y este dato no es baladí), la mayoría de funcionarios y altos cargos del Govern viven con desasosiego todas estas horas. Especialmente aquellos miembros del Consell Executiu que desconocen el proceso porque no están en el sanedrín que lo organiza y meditan qué pasos dar en esta coyuntura. De momento, aguantan.
Los temores a la respuesta judicial obligan a una gran improvisación y, así, a tres meses de la cita, el referéndum esta más que verde como se evidenció con el fallido concurso para la compra de urnas que acabó desierto. El Govern quería urnas de metacrilato, pero no descarten que recuperen ahora las de cartón que se usaron el 9-N. Aunque sean de segunda mano. A esta situación se le debe sumar los recelos entre ERC y el PDeCAT que afloran continuamente pese a los desmentidos de sus protagonistas. Y luego está la CUP que obliga a hacer toda clase de concesiones a Junts pel Sí y les hace vivir toda clase de tensiones, como en una reciente reunión en la que los miembros de la CUP no querían sentarse en una mesa de negociación si estaba Artur Mas.
El Govern quería urnas de metacrilato, pero no descarten que recuperen ahora las de cartón que se usaron el 9-N
Y así van pasando las semanas. Internamente viviendo con miles de contratiempos, sin saber cómo y de qué manera se van a poner las urnas o salvando ultimátums de la CUP y de las organizaciones amigas Òmnium y ANC. Y, en cambio, externamente, con toda clase de actos públicos donde se evidencia que el soberanismo tiene músculo y apoyos institucionales como evidenció el acto del pasado sábado en el paraninfo de la UB con medio millar de alcaldes.
¿Y qué hará finalmente el Gobierno de Rajoy? Si son ciertas algunas informaciones que se comentan en medios del Palau de la Generalitat, Puigdemont estaría recibiendo ofertas de última hora para parar el referéndum. Hay intermediarios bienintencionados que afirman que Rajoy estaría dispuesto a hablar de todo menos de la soberanía del pueblo español. Y crece la sensación que a pesar de tener mecanismos de sobra para intentar evitar el referéndum, el Gobierno quiere evitar aparecer ante la opinión pública internacional como un sujeto antidemocrático que no deja poner las urnas.
El gran problema es que se ha llegado demasiado lejos. Las condiciones que puede poner Puigdemont difícilmente pueden ser aceptadas hoy por Rajoy, pero tampoco éste puede arriesgarse a un problema de orden público en Catalunya. El editorial del The New York Times ha sido todo un toque de atención para aquellos desde la Moncloa que propugnaban ahora una respuesta contundente contra el Govern y dejar la negociación para una segunda fase. Julio parece que va a ser más decisivo de lo que nos esperábamos.
Puigdemont estaría recibiendo ofertas de última hora para parar el referéndum . . .

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