Yo mismo con mi turismo

3 jul. 2017

Una izquierda de derechas

JORGE BUSTOS
Cuando la izquierda despertó, después de un sueño intranquilo, se encontró convertida en un monstruoso derechista. Coincidía con Trump y Le Pen en el coto al comercio libre, con la burguesía separatista en el levantamiento de fronteras para tocar a menos bocas -y más monolingües- en el reparto, con la Santa Iglesia en la condena de la soberanía de la mujer sobre su útero. Nuestro zurdo insecto se hallaba patas arriba, frotando quejumbroso sus élitros en el aire, tratando de voltear el rígido caparazón para volver a progresar en línea recta. Pero cuando logró girar sobre sí mismo, descubrió que ya solo era capaz de caminar hacia atrás.
La izquierda siempre significó avance, conquista, pueblo en marcha a la sola luz de la razón. La derecha suponía conservación, inmovilidad preventiva, reacción atemorizada a la alteración del statu quo. Pero los albores del siglo XXI asisten estupefactos a la pinza antiliberal formada por la revolución y la reacción, dos tenazas del mismo pánico a esa maldita competición tecnológica que ya acojonaba en Atapuerca, verdadera cuna del capitalismo. Puede que la obsesión por el pasado no sea una mutación privativa de la izquierda española, pero aquí la metamorfosis asustaría a Kafka. ¿Por qué Podemos registró en el Senado una propuesta de comisión de investigación -otra- sobre la guerra de Irak? ¿Por qué el PSOE de Sánchez planea hacer lo propio en el Congreso para juzgar el franquismo? ¿Por qué se revisa histéricamente la Transición, y más allá: la Restauración, y en breve la expulsión de los moriscos? Porque la izquierda cangrejera ha renunciado al futuro y a la razón para abrazar el pasado y la identidad. Para qué devanarse los sesos legislando una globalización justa; con suerte y agitprop, otro Lezo, otro petrolero partido o el dulce recuerdo del No a la guerra nos darán La Moncloa. Para qué reconocer que la derecha sí se ha movido -ya ni franquista, ni neoliberal, ni homófoba, ni clerical: ¡qué fácil lo ponían cuando lo eran!-, si contra gigantes vivíamos mejor. Aunque sean molinos.

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