Yo mismo con mi turismo

6 ago. 2017

Cataluña, la ley frente al sentimiento

 
No hay jurista que no ande preso del mito secesionista que sostenga que la pretensión de hacer un referéndum a la brava tenga valor alguno. Como en el caso anterior que no pasó del nivel de macro encuesta con base poco representativa, aunque fuera muy grande, el primero de octubre los catalanes se enfrentan a un llamamiento a la desobediencia civil más que a un referéndum. Los secesionistas, alentados por las gentes de las CUP que son las que avanzan en cabeza, buscan la desobediencia, la insurrección, el hecho de superar el marco legal, como el acto decisivo para acreditar su voluntad.
Tienen dos problemas, el primero se refiere a España y el segundo a Cataluña:
Con respecto a España la ensoñación de los soberanistas se asienta en que España es un país fallido, nada democrático, mal situado en el mundo. Pero la realidad no dice lo mismo. Hace un par de años alguno de los neo-secesionistas residentes en Madrid me argumentaba que el derrumbe de la prima de riesgo del Reino de España (que le parecía inminente) alentaría la independencia catalana y su reconocimiento internacional. Sin duda era una ensoñación alejada de la realidad; el rating que se ha despeñado es el catalán, mientras que el español goza de muy buena salud, y mejorando. Pretender, como defendió Guardiola en un acto independentista que España es un país autoritario es absurdo, ningún dato o ranking avala esa tesis; el referéndum que pretenden sería imposible en Alemania, en Francia, en Italia, en los Estados Unidos. Ni siquiera en Gran Bretaña (donde se precisa el apoyo del gobierno) o en Canadá donde se requieren requisitos formales bastante exigentes.
El segundo problema se refiere a la propia Cataluña donde el independentismo no tiene apoyo mayoritario, ni siquiera en la coyuntura más favorable. Forzar a más de la mitad de la población a ir donde no desea o más lejos de lo que querría llegar, no parece recomendable y desde luego no es democrático. Cataluña tiene su propia identidad, sentimientos nacionales muy cultivados recientemente, pero de eso a llevarse por delante la unidad de España, hay mucho trecho, un salto que roza lo imposible, por más que se reitere hasta la náusea o que algunos   tibios atrapados por el “apaciguamiento” (incluidos socialistas catalanes y el propio Pedro Sánchez) traten de abrir un vía intermedia sostenida en el SI pero NO, o No pero SI.
El propio Iceta descalificó en su día las pretensiones secesionistas  con el argumento de que bastaría la abogacía del estado (el llamado comando Aranzadi) para abortar la independencia a la brava. En breve vamos a comprobar si basta con la fuerza legal y judicial y se requiere algo más. Algunos independentistas, los que van en cabeza y han hecho de ese objetivo el sentido de sus vidas, quieren alcanzar la historia con esa causa, aunque sea fallida; una especie de inmolación que se acopla al sentimiento, a la ensoñación.
Para el gobierno la tarea es delicada y requiere una mezcla de firmeza y mesura, fortaleza y templanza. A su favor está la razón y la legitimidad, enfrente los sentimientos y una ensoñación que tampoco está carente de intereses personales. El desenlace de otro acto del drama es inminente, pero la obra continuará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡No te cortes! Dí lo que estás pensando