Yo mismo con mi turismo

1 ago. 2017

Conato de ‘kale borroka’

Ramón De España

Hasta ahora, el frente de juventudes de la CUP se limitaba a performances de contenido sexual, como desplazar una brigadilla de lesbianas a las puertas de una iglesia para besarse apasionadamente, acto supuestamente radical pero que, en la práctica, conllevaba un riesgo menor que llevarlo a cabo en una mezquita, donde igual se hubiese producido el linchamiento de las besuconas, pues ya se sabe que los moros, para estas cosas, tienen muy poca correa. En la misma onda antieclesiástica, Arran también realizó unos bonitos carteles con obispos dándose por el culo, que fueron bastante comentados, pero no condujeron a acción represiva alguna.
Envalentonadas con tanta impunidad, las chicas de Arran decidieron hace unos días subir el tono de sus protestas y la emprendieron con un autobús turístico, pinchándole una rueda y enguarrándolo con una frase xenófoba, pero progre, contra los visitantes de esa enorme Salou en que se ha convertido Barcelona desde hace años, frase que, evidentemente, omitía la codicia de los locales que se forran alquilando sus pisitos a los invasores beodos para centrar el odio en los foráneos, aunque sean una de las principales fuentes de ingresos de esta ciudad de camareros que hemos fabricado entre todos.
Una portavoz de Arran ha dicho que no piensan pagar la multa, caso de que alguien se tome la molestia de imponérsela, lo cual está por ver con un equipo de gobierno municipal como el del Hada Colau, y que lo suyo no es violencia xenófoba, sino autodefensa pura y dura. La portavoz no descarta nuevas gamberradas progresistas. Y no quiero pensar lo que se les puede llegar a ocurrir cuando llegue el 1 de octubre y esto siga siendo una comunidad autónoma española. Desde luego, si alguien puede implementar aquí la kale borroka son los descerebrados de Arran, por lo que tal vez habría que ir considerando algunas medidas.
Para ello, basta con tomar ejemplo del País Vasco, cuna de la kale borroka, donde la cosa se calmó bastante cuando los padres de las criaturas fueron obligados a pagar los destrozos causados por sus muy abertzales retoños. Aquí podríamos recurrir a los padres biológicos o a los espirituales, las lumbreras de la CUP, a las que se podría enviar la factura del autobús y de las próximas burradas que se les ocurran a los flechas y pelayos del independentismo local. Como muestra de solidaridad hacia el gremio de los autobuseros, la multa del bus turístico la podría abonar el inefable Garganté, que debe levantarse una buena pasta desde que las puertas giratorias de la política lo colocaron en la junta de TMB.

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