Yo mismo con mi turismo

8 ago. 2017

La única estatua de Cobi en Barcelona está en una terraza

La única estatua de Cobi en Barcelona está en una terraza
Un Cobi de zarzuela.Esta es la única escultura de Cobi en Barcelona, en un rincón sin indicaciones del Parc del Port Olimpic, frente al restaurante Anfiteatro 
Cobi tiene una única estatua en Barcelona, digna de La tabernera del puerto –obra del llamado género chico o sea la zarzuela–, y situada en un rincón perdido de la Vila Olímpica del que sólo disfrutan los comensales del restaurante Anfiteatro y algún ocioso despistado. “Es una falla infantil”, admite Javier Mariscal que se autoinculpa del infanticidio (Cobi tiende a niño con barriga).
–¿Que piensas de la vida Cobi?
Si Madrid tiene al toro Segador que bebe gazpacho y habla con Enric Juliana, aquí tenemos a un Cobi parrandero en un estanque con trencadís dispuesto a cantar con el primero que se acerque a este rincón del Parc del Port Olimpic (avenida Litoral 37), carente de señal, placa o distintivo.
–¿Te parece senequista estar aquí muerto de asco pudiendo situarte por ejemplo en la Rambla Catalunya frente a una horchatería valenciana con terraza?
Cobi calla, se sube a la parra y escupe chorritos de agua.
Hay una silueta viril del personaje en una chimenea que fue restaurada en 1992
A Javier Mariscal le importa un pito que sólo haya un Cobi en la vía pública de Barcelona y sea en mitad de la nada desde aquel día de 1992 en que lo plantaron en medio del fragor de la villa olímpica en construcción.
No creo que Cobi deba tener una estatua. Eso de que te dediquen una estatua es una idea muy kitsch. Y esta es fea de cojones. Es la típica historia: una idea muy complicada porque pretendía que Cobi nadase, bucease y fuese una suerte de atracción de feria de pueblo. Luego se lió, tenía que colaborar un ingeniero inglés, ya no tenemos presupuesto, la hacemos de poliéster –que envejece mal– y la inauguramos corriendo. El responsable soy yo”. Hubo más víctimas colaterales que este Cobi parrandero, como la Olimpíada Cultural –un pequeño fiasco – o la película encargada a Carlos Saura, que no concluyó.
A Pasqual Maragall le gustaba mucho este rincón y venía a cenar ya de diputado y también de presidente de la Generalitat. Cuando los clientes toman asiento siempre dicen lo mismo, jubilosos: ¡Es el Cobi!”, explica Ernesto Jimeno, propietario y director del restaurante Anfiteatro, que se define “gastronómico” y al que sólo llega quien lo busca.
Cobi ha sido leal al espíritu de su creador y no está hecho para pedestales ni discursos. Es liviano, etéreo, colega de los voluntarios –sus mejores amigos– y algo golfo porque se vende a 166,05 euros el kilo o 297,6 la pieza de tres kilos en las tiendas de Pilma de Barcelona, una reedición de aluminio fundido con motivo del 25.º aniversario previa autorización del Comité Olímpico Internacional.
– ¿Corrupción?
– No sé.
Así responde Cobi en la caja del regalo de Pilma –obra de la escuela Elisava–, un golfo simpático que no cree en la nostalgia: la comercializa y por eso allá donde va triunfa.
“No creo que deba tener una estatua y esta es fea de cojones”, admite Mariscal
–Las figuras de Cobi en aluminio siempre han volado, no ahora, siempre desde el 92.
Josep Valsells maneja El Col·leccionista, una tienda de la calle Enric Granados en Barcelona que comercia nostalgias menores; por ejemplo, placas de pisos de protección oficial, carteles del trofeo Ramón de Carranza, una gorra de jefe de estación de la Renfe y otros menudencias que alegran la vista.
-Y ahora, ¿a ver quién descubre qué personaje se esconde en estas chimeneas?
Así concluía sus itinerarios, en el terrado del palacio Güell el arquitecto Antoni González que en 1992, quien siendo jefe del Patrimonio Arquitectónico de la Diputación de Barcelona, decidió incluir en el trencadís de las chimeneas la silueta de un Cobi y, un poco más abajo, el gran logo de los Juegos de Barcelona’92 diseñado por Josep Maria Trias.
“Uno de mis colaboradores tenía una vajilla de La Cartuja de Sevilla de su madre, de la misma época en que Gaudí utilizó este material para las chimeneas del Palau Güell. Y decidimos perfilar la silueta de Cobi en las obras de renovación en curso. A las visitas les hacía mucha gracia aunque llegó un momento en que algunos jóvenes no sabían quién era Cobi ”, explica el arquitecto Antoni González. Hay incluso quien adivina en la silueta una erección de Cobi, un guiño oportuno para quienes olvidan que se trata de un chaval y a los chavales, ya se sabe, les llama la naturaleza con frecuencia.
Ningún niño ni ningún bar se llamó Cobi tras los Juegos
Hay algo en lo que Barcelona no tiene perdón de dios. Una cosa, cierta, es que ningún niño nacido en España en 1992 o en años posteriores fuese llamado Cobi, a diferencia de los Kevin, que suman 15.217, y otra es que no haya ningún bar en la ciudad de Barcelona que adoptase el nombre de Cobi pese a su barriga cervecera.
Bar Cobi el de Amposta, fundado en diciembre de 1988, pocos meses después de la presentación en sociedad de Cobi, saludada con el tradicional y reaccionario “¡este monigote lo pinta mi hijo!”. Fue una decisión aleatoria, en búsqueda de un nombre original y con repercusión. “Pero no tenemos ni un solo cartel de Cobi,”, aclara Jordi, el propietario, acaso por respeto a las leyes de la propiedad intelectual.
María, la propietaria del bar Cobi de Zamora –la que no se ganó en una hora–, en la avenida Príncipe de Asturias, no tiene dudas: ¿Cómo me van a pedir pasta por tener en la carta y en un rincón del establecimiento una figura de Cobi junto a una imagen de San Pancracio?. “Inicialmente, el bar se llamaba Covi y fui yo quien lo cambió a Cobi, antes de los Juegos”. Covi porque los socios fundadores del establecimiento se apellidaban Correa y Villada. “Y Cobi se ha quedado”, explica, con indisimulado orgullo .
Cobi se lleva mal con el mobiliario urbano y está por todas partes, como el espíritu santo. Y si alguien quiere verle embalsamado sólo tiene que subir al Museu Olímpic Joan Antoni Samaranch, donde hay una esquina que resume las muchas vidas de Cobi, objeto de merchandising que generó en su día 1.800 millones de pesetas mediante la venta de... 600 productos, comercializados por 65 empresas. Y si alguien añora el pasado siempre puede, en la entrada del museo, comprar un Cobi ochentero de plástico, con dos ventosas para adherir en el parabrisas del coche por 8 euros.
Este muñeco, ya lo decían sus detractores, siempre ha hecho lo que le ha dado la gana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡No te cortes! Dí lo que estás pensando