Yo mismo con mi turismo

9 ago. 2017

Provocaciones democráticas

Con la sansónica potencia que lo mantiene como uno de mis más admirados referentes capilares, Antoni Castellà ha presentado una campaña de Demòcrates per Catalunya a favor del sí al referéndum. La campaña hace inventario de las plagas españolistas que justifican la inminente y definitiva separación de España. La calidad del guión es opi­nable. El vídeo combina juegos de pa­labras tan inspirados como “corredor madriterrani” (hace tiempo que la industria del juego de palabras vive una burbuja de autocomplacencia suicida) con referencias al rescate de la banca, a la maldad congénita del ministro Mon­toro, a la sanguinaria tradición de la tauromaquia, a la decadencia borbónica y al franquismo sociológico, fenómenos ­todos ellos a los que los catalanes han contribuido sin que hasta ahora nece­sitaran limpiar su pasado con celo de converso.
No hace faltar ser un seguidor aplicado de Toni Aira para entender que la visibilidad mediática de la campaña ha ­tenido una resonancia insólita precisamente porque juega con un planteamiento que, según Castellà (espero que ningún defensor del no tenga la tentación de hacer un contravídeo jugando con el apellido del político), es deliberadamente “provocador”. Por eso recoge los argumentos más caricaturescos e insultantes del no y –añadió Castellà– porque no han encontrado ningún ­argumento “en positivo” (sin especificar qué significa “en positivo” en un contexto en el que las adhesiones tienen que ser incondicionales). Resultado: acción-reacción. Ayer hablaron de la campaña en la tertulia matinal de Telecinco, confirmando que algunos tópicos catalanofóbicos explícitos o implícitos tienen la capacidad de reactivarse con la misma facilidad con la que, desde la trinchera opuesta, se utilizan como gasolina movilizadora de indignaciones y victimismos estériles. De hecho, como suele ocurrir con la propaganda, se busca más la satisfacción de los adeptos que seducir a posibles indecisos.
Situar el debate en un estadio de provocación tan primario tiene consecuencias: cuanto más bajo es el listón, más entusiastas se apuntan a quererlo saltar. También sería un riesgo analizar la campaña con rictus académico. Debemos entender que se inscribe en el territorio de la inmediatez más trash de la actualidad, excrecencias fácilmente reciclables en entretenimiento de confrontación. Si Demòcrates per Catalu­nya entiende que los partidarios de votar no o los que se resisten a participar en un referéndum que se impone a partir de la premisa del sí o sí y de una legalidad alternativa prefabricada con una urgencia discutible se sentirán interpelados, se entiende que la influencia de este partido en el panorama político actual sea exquisitamente residual. Porque si algo hemos aprendido en estos años de exacerbaciones patrióticas y fomento de piromanías de brocha gorda es que ser demócrata y ser inteligente son virtudes que dependen más del azar que de la voluntad.

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