Yo mismo con mi turismo

5 ago. 2017

Reaccionarios con boletín oficial



BERTA GONZÁLEZ DE VEGA
Donald Trump también ha decidido restringir la entrada a los inmigrantes de alta cualificación. Esa renuncia hace más difícil fichar a los mejores para las empresas y las universidades, una pareja que baila agarrada en un país donde no se grita «Fuera la Empresa de la Universidad», como aquí. Mientras, en Londres, el alcalde, Sadiq Khan, ha decidido posicionarse más claramente a favor de borrar el Brexit. Lo dijo antes de que el Banco de Inglaterra alertara sobre el estancamiento de la economía. La actitud de Trump y las nubes inglesas podrían ser una gran oportunidad para España: hay un caldo de cultivo de 'start ups'; la fama de la calidad de vida española traspasa fronteras, pese a esas encuestas en las que los nórdicos se declaran tan felices que luego se suicidan más y la tranquilidad se antoja mayor que en Tel Aviv, el centro innovador del Mediterráneo. Hasta el corresponsal en España del Financial Times, Tobias Buck, escribe una carta de amor a Madrid en su despedida.
No podrá ser. A los guerrilleros de la turismofobia se les ve el pelo de la dehesa por lo tosco de sus acciones pero hay un sector tan hostil a lo extranjero como ellos, sin que se les note: los rectores. No ponen Fuck Tourism en las fachadas de las facultades, sólo necesitan manejar a su antojo los perfiles de las plazas para meter sólo a los del departamento. La endogamia, con honrosas excepciones, ha alcanzado tal perfección que no es un escándalo. No existe alarma social, lo único que marca la agenda política. Colecciono anécdotas de mayores que cuentan sonadas oposiciones en el franquismo, el público en pie gritando "¡Tongo!" mientras los catedráticos colocaban a sus peones por toda España. Hoy no salen de la provincia. Y no hay testigos indignados.
Ya hay grúas en el horizonte y el turismo bate récords. Saldrán los de siempre a hablar de nuevo modelo productivo, como si no supieran que es incompatible con la universidad que conocemos. Hemos podido ser los mejores en cocina, en el deporte, en empresas y escuelas de negocio, y ha habido casos aislados de institutos en el CSIC y departamentos que están en la élite mundial. Sabemos hacerlo. Hay un lobby, sin capuchas, sin camisetas de tirantes, sin sprays, que se niega al cambio, amparado por los políticos. Urge desactivarlo.

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