Yo mismo con mi turismo

3 ago. 2017

Todo conduce al “temita”

Ramón De España

Los hermanos Muñoz —en arte, Estopa— concedieron hace unos días a El Periódico una entrevista en la que, al ser preguntados por la cosa del prusés, vinieron a decir que parecía el Día de la Marmota y que la gente empezaba a estar un poco harta del “temita”. No creo que hubiese intención ofensiva alguna por su parte, ya que los Muñoz van a lo suyo y nunca han querido significarse mucho en el asunto (y están en su derecho, aunque cuando se les pregunta, responden), pero la expresión “temita” la encuentro tan displicente y eficaz que creo que la voy a añadir a mi vocabulario. “Temita” es algo que no llega ni a “tema”, una pequeñez, una chorrada, una tabarra, cualquier cosa molesta, pero más cercana a la picadura de un mosquito que al mordisco de un león.
Pero hay que ver lo que da de sí el “temita” para algunos. Para Puigdemont, sin ir más lejos, es el único asunto de interés que hay en su cosmovisión, y todos los temas le llevan a lo que para Estopa y para mí es el “temita”. De hecho, nuestro querido presidente es el rey de la comparación extemporánea. Le hables de lo que le hables, él lo traslada al territorio del prusés.
Ahora acaba de comparar la lucha por la liberación homosexual con la de la Cataluña catalana por su libertad. Su (más o menos) fiel Santi Vila ha dicho que el parecido entre los catalanes y el colectivo gay es escalofriante —tal vez porque en su caso se dan ambas condiciones, o porque se tomó al pie de la letra la gracia de Empar Moliner sobre que ser catalán en España era como ser gay en Marruecos—, y solo le ha faltado comparar la manifestación del 11 de septiembre de 2012 con la revuelta del bar neoyorquino Stonewall de finales de los años sesenta.
De hecho, lo de las comparaciones absurdas viene, como casi todo, de Artur Mas, que siempre encontraba países y causas con los que identificarse, mientras él se declaraba la versión local de Gandhi, Rosa Parks, Martin Luther King o JFK. La sombra del Astut es alargada y, lógicamente, planea desde el principio sobre el caudillo providencial gerundense elegido a dedo; un hombre en cuya cabecita cubierta de pelo solo cabe un tema. O, mejor dicho, un “temita”.

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