Yo mismo con mi turismo

4 ago. 2017

“Turisterrorismo”

Ya tenemos consigna para desestabilizar la buena marcha de la economía: hay que direccionar a los borregos “azotacalles” hacia los turistas para atemorizarlos y que cambien de destino vacacional. El argumento que alegan para justificar (?) su “turisterrorismo” lo acaba de hacer público la organización juvenil de la izquierda abertzale Ernai: “vuestro turismo la miseria de los jóvenes”.
Militan, por ahora, en este movimiento de jóvenes fascistas el colectivo catalán Arran y la citada Ernai, pero mucho me temo que no tardarán en sumarse otras organizaciones juveniles fascinadas, sin duda, por la veracidad del mensaje de que el turismo es la miseria de los jóvenes.
Los esforzados trabajadores de esas organizaciones juveniles antisistema seguramente ignoran que los turistas extranjeros han gastado 37.217 millones de euros en el primer semestre de este año. Y me atrevo a apostar que desconocen también que la industria turística supuso el año pasado el 11,2% del PIB español y que en junio de este año rondaba ya el 16%.
A ellos esas cifras les importan más de lo que parece, porque son fieles militantes de la máxima “cuanto peor mejor”. Tienen una inteligencia tan preclara que consideran que hay menos miseria para los jóvenes si se reduce el número de turistas y, consecuentemente, los ingresos en nuestro Producto Interior Bruto.
Y es que esos JASP (Jóvenes Aunque Suficientemente Putrefactos) aspiran a vivir permanentemente subvencionados para lo cual sería imprescindible que llegasen los suyos. Entonces sí que habría miseria, pero no solo para los jóvenes, sino para todos, excepto, claro está, para los del partido.
Desde estas páginas, me permito pedir al Gobierno de la Nación que actúe con la mayor firmeza posible para defender esta importante fuente de ingresos para nuestra economía. Aunque sea con poca precisión, recuerdo que cuando era pequeño vi en un libro de bachillerato dos figuras, una de alguien que quería enderezar un árbol joven y lo conseguía, y la otra de alguien que intentaba sin éxito poner derecho un torcido árbol viejo. ¡Aún estamos a tiempo de cortar de raíz el incipiente “turisterrorismo” A lo peor, más tarde es imposible!

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